4 de mayo de 2012

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Una cascada es una caída de agua que sucede porque el río baja para desembocar en algún lado cuando de pronto en su camino encuentra un escalón de proporciones diversas y el agua cae y las chicas lindas de la zona se bañan debajo del chorro en minúsculas o nulas prendas para divertirse o divertir a los mirones.

Una catarata es un festival de cascadas que se encuentran en determinado sitio y que, además de la precipitación geográfica en forma de escalón, tienen en el camino del agua una superficie rocosa y antes de eso una bajadita que hace que el agua se zambulla primero y luego salte sobre la roca para poder pasar. No se ni llego a imaginarme si el agua sabe que pasada la roca hay un precipicio por el que va a resbalar hasta reventarse abajo. Puede que no lo sepa y puede que si, que lo haga adrede. Tendría que estudiar el tema.

Cuando uno se acerca a la catarata, el tiempo empieza a ir más lento. Mientras más cerca de la catarata estás, más lejos se pone la catarata, por ejemplo. Si estás a cien metros, caminar esos cien metros toma una eternidad. Ya cuando llegas y te paras a ver, el agua te grita cosas directo a las orejas. Te dice salta por una y no saltes por la otra. Te dice aquí debería acabarse el mundo y no se refiere a tu mundo, se refiere al mundo geográfico. Como decir éste es el fin de la tierra y de lo terrestre, cosa que hay que aceptar de buena gana porque la sensación lo vale.

El agua salta como una loca suicida y el lugar en donde cae no lo ves. No lo ves porque se forma una nube abajo que te impide siquiera adivinar en qué termina eso. Abajo es arriba, donde cae el agua está siempre.

20 de marzo de 2012

con las platinas hacemos gatitos



Como los bombones surtidos en un orden específico. Primero –y esto sujeto a que vengan en la bolsita- unos largos rellenos llamados gaufrette. En muy pocos lugares venden bolsas sólo de gaufrettes, si las vendieran en todos lados yo no tendría que estar haciendo esta enumeración vaga. Segundo voy por los envueltos en platina naranja, que son los de crema de chocolate. Luego vienen los de dulce de leche y nueces del Brasil, mazapán y coco. Casi sin ganas paso a los rellenos de tofi –que llaman taffy- y turrón de alicante. Finalmente quedan al lado del empaque roto en medio de la desesperación y rodeados de platinas aplastadas, los bombones rellenos de menta. Odio la menta, para mí es como besar a una vieja que esconde mal aliento.

Viven ahí los bombones de menta envueltos en sus platinas plateadas. En la mesa de la tele, en el estante de la cocina, en el mueble que uso como mesa de noche. Isabel no los bota porque debe suponer que son los que me guardo para el final porque son los que más me gustan. Es probable que realmente no los bote porque conoce de mis momentos de ansiedad. Yo no los boto porque no está en mi naturaleza echar a la basura un dulce, aunque tenga sabor a jarabe de anciana. Se quedan ahí, muditos a ver qué pasa.

Entonces un día te levantas de mi cama y miras el desorden sobre la mesa. Ojos en las platinas me dices ¿puedo? Y yo te digo si, pero son de menta.

Pasa esta cosa en Lima y es que los chocolates se azucaran, se ponen blancos y mates. La grasa se separa del azúcar y el cacao se va por su cuenta o algo extraño que ocurre en las bodegas y supermercados de la ciudad capital. Abres el bombón, estiras la platina perfectamente, como una toalla. Lo sientas ahí justo al medio, lo miras y entonces te pones el índice en la boca y lo mojas. Luego con gran paciencia y respeto pasas el dedo por todo el chocolate y lo pules, lo haces brillar como un chocolate hecho de sol y lo vuelves a sentar ahí en su trono de plata. Lo tomas y muerdes más allá de la mitad, con un trocito de chocolate con menta en la mano dices ¿quieres? y yo asiento. Claro que quiero.








*foto y gatitos por victor castro.

12 de febrero de 2012

19 de enero de 2012

EL NIÑO DEL CUSCO

Este es un documental de 57 minutos que hicimos Ricardo Ayala (anti) y yo en Cusco a lo largo de tres años.
Cuando al fin estuvo listo en el 2010, los dos caímos en una breve depresión sin saber qué hacer con nuestras vidas en adelante.
Gracias al Niño Compadrito por revelársenos.

5 de enero de 2012

3 de enero de 2012

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Bad Ed


No me ha molestado totalmente ninguna de estas mañanas levantarme antes de que amanezca, darme una ducha y buscar algo cómodo que ponerme para pasar el día. Me ha dolido, confieso que a veces, el clima de afuera de la casa. Salir y sentir un frío horroroso, ponerme un saco grueso, subir al auto y esperar a que caliente durante largo rato para luego prender los limpiaparabrisas que arranquen la nieve dura del vidrio. Luego esperar a que todo funcione bien para que Pedro esa mañana y todas las mañanas me lleve a Gus´s Grill manejando diez minutos.

No hablamos o creo que casi no hablamos porque él sale de la casa sonámbulo a cumplir conmigo, a llevarme como todos los días a las cinco de la mañana a la cafetería donde trabajo. Hemos pasado o vamos a pasar muchos meses sin decir nada porque decir cosas conlleva a volver a las mismas discusiones. Yo prefiero trabajar como una mula y él prefiere trabajar poco y meditar. A veces vuelvo al town house después de un día de trabajo y una noche de estudio, extrañando mi casa y las calles de Lima pero él prefiere meditar. Se sienta en flor de loto en la sala y se queda así por horas.